miércoles, 10 de septiembre de 2008

Asi lo recuerdo...

Vigilas desde este cuarto
Donde la sombra temible es la tuya
No hay silencio aquí
Sino frases que evitas oír
Signos en los muros
Narran la bella lejanía
(Haz que no muera
Sin volver a verte)


(Alejandra Pizarnik)



Así lo recuerdo, había llegado hace un par de días con todas la ganas de sentirme responsable de mi existencia y desconectarme de un amor perro…Sonriente, porque horas antes de tomar el bus me expreso que deseaba mi amistad...Una excusa al final y al cabo!!! Porque se dio cuenta, de que me estaba perdiendo…Le prometí que lo pensaría.

Más de alguna cerveza tome pensado ¿qué sería de un nosotros? en esas calles tan generosas y que siempre deseamos conocer juntos, pero lo chocante del clima me devolvía afortunadamente la lucidez y aquellos pensamientos se retiraban y daban lugar a las decisiones que debía tomar desde tanta distancia… siempre era lo mismo una Quilmes y un par de empanadas.

Minutos más tarde me dirigí sin un rumbo fijo - para quien no conoce una ciudad el dejarse llevar, es lo más apasionante del acto de viajar - ya llevaba varios libros a mi haber, pero no recuerdo que me hizo entrar a esa librería en especifico, creo que fue unos discos de Sabina… en fin , prefiero recordar que fue eso!!! Yo ya sabía sobre sus actos de cortesía, por lo que no me sorprendió tanta amabilidad de parte de él, lo que si…fueron sus ojos!!...No paraban de brillar… me sonreían… (Después comprendí que me estaban invitando a hacerme el amor)…conversamos acorde al contexto en que nos encontrabamos, (él era el vendedor y yo su clienta…no se podía pedir más) pero ambos sabíamos que queríamos conocernos desde las calles…desde la cotidianidad…desde nuestra vulnerabilidad…desde nuestras rabias y frustraciones. Fue así conteniendo la cosquilla y la sonrisa cómplice que concertamos nuestra cita al día siguiente.

Esa noche no dejo de pensar en que le depararía el nuevo día, se adentro en el ejercicio de recordar, y llego a la conclusión que habían pasado años de no sentir aquel nerviosismo que le cortaba la respiración y la obligaba a tomarse las entrañas para no dejar huir aquella sensación…

Ese día despertó mas excitada de lo de costumbre. Le llevo un par de minutos asimilar que estaba en un cuarto completamente pintado de blanco con un ventilador que no paraba de ronronearle y a varios ceros de distancia. Se levanto más tarde de lo de costumbre, obvio, eran sus añoradas vacaciones por las cuales se mamó más de algún berrinche de su jefa y un dolor lumbar.

Llegado el encuentro, caminamos por la peatonal Florida, dejando en manos de él, el posible recorrido – ambos percibíamos que algo estaba ocurriendo pero estábamos demasiado excitados para prestarle atención - teniendo ambos como aliado un cigarrillo, nos dirigimos a un café

Entramos al Tramontana, un local inmenso, el cual me dio la impresión que tiempos antaño debió haber sido un teatro. Nos sentamos en el lugar más apartado, para que no nos molestara el sonido de otras voces, solo queríamos las nuestras…Fue así que lo vimos por primera vez…Venia desde el bar, traía un vaso con agua y un semblante distraído, su senecta silueta se vislumbró detrás de un órgano, como parte de una ceremonia de iniciación, esperando el vamos para consagrar nuestro encuentro.

Se sentó, se ensamblo con el instrumento y así sin más… en cada acto!!!… se exhortaba de sus frustraciones…en cada acto se desligaba del afanoso ejercicio de querer coger el tiempo…en cada acto!!!…porque sólo eso no muere, porque sólo eso lo salvaba de la muerte…y a momentos aquel anciano , nos afloraba una leve sonrisa como quien aprendió a reírse de sí mismo…

Con sus suaves melodías vivenciábamos nuestra vulnerabilidad y la fragmentación de la felicidad… y aquellos sensibles acordes nos hizo fluir la imaginación, compenetrarnos con su cotidianidad… transportarnos al sillón donde se sentaba todas las tardes, después de llegar de su trabajo de jornalero.

Habían llegado hasta la ancianidad juntos, sin embargo, no podía decir que ella, al lado de él. Se habían conocido una tarde de lluvia de un día jueves hace 43 años atrás. Para él era uno de esos días en que necesitaba reír, si!!! Reír tan solo, hasta que sus entrañas se contrajesen de dolor, para poder desahogar tanta energía que cargaba. Ella estaba sentada en la pérgola de la mano de un joven. El llego ahí traído por una compañera de facultad que tenían en común. Esa tarde jamás escucharon palabra alguna de las personas a su alrededor, ¿sería que sus risas habían sido más fuertes que las voces de los demás? Quién sabe.. Solo ella fue la única que comprendió su humor…Así se conocieron y así transcurrieron sus vidas…solo el humor tenían como cómplice

Desde su anhelado sillón se cuestionaba la idea del por qué lo había elegido a él, sin embargo, nunca se dio el ánimo de pregúntaselo frontalmente, cada vez que llegaba a ese estado melancólico, le venía una sola imagen a su mente…aquella, juntos caminando por el parque, disfrutando del deshojar de los ciruelos, del viento que anuncia la despedida del invierno para dar paso a la primavera, el pisar de las hojas y gozando ese sentimiento sobrecogedor , le había preguntado si quería compartir su cama, el calor de su chimenea y los otoños venideros…ella sin asombro y sin detenerse le contestó “pero si ya sabes mi respuesta” …

La cálida música nos motivo a pedir una cerveza más para pasar ese calor irritante. En el transcurso de la noche conversamos sobre los resabios de una dictadura pero vista desde ambos lados de la cordillera y del peso que cargábamos por ser hijos de ella…sobre nuestros proyectos…inconclusos por falta de ánimo, recursos o simplemente por no tener los cojones…sobre bares, borracheras varias… pero por sobre todo de Literatura y de cuan transversal era en nuestras vidas… todo al compás de los brindis y de ese viejo órgano - lo que no sabíamos era que aquel iba a ser un puente entre nuestras memorias, un imaginario bicompartido, el elemento preciso para mantener estrechados los afectos ….la conexión entre la virtud y la carne.

Salieron de aquel Café con las ganas irresistibles de fumar, asumiendo que aquel vicio era superior a cualquier atmosfera acogedora en la que pudiesen estar inmersos… Nos vimos caminando sin rumbo fijo, por aquella Avenida Corrientes que tantos años atrás había anhelado recorrer. La noche había caído y nos obligaba a tomar decisiones…fue el tan simple acto de tomarme de su mano, para que la pulsión de besarlo fuese inmediata..Ahí, justo al lado de un basurero, a la salida de una confitería nuestros labios se unieron y concretizamos el sentir, ese desde que nos vimos por primera vez.

El decidió compartir sus íntimos espacios invitándome al bar que le daba acogida en sus momentos libres, por lo que llegamos a la estación Constitución para abordan el tren y conocer ese mundo que no sale en las portadas de revistas ni es atractivo para una sociedad que margina. Mi espíritu excitado y mis ansias de conocerlo todo no opuso resistencia alguna. Conteniendo una vejiga sobrecargada por tanta cerveza degustada, cruzamos el Charco de la ciudad y llegamos al Antrofino.

Una vez ahí, serian los Pixies quienes nos abrían dado la bienvenida - selección hecha por él, que generosamente su amigo de la barra nos otorgaba caprichosamente – unas pizzas y bebiendo fernet por primera vez continuamos compartiéndonos…compartiendo nuestros mundos tan distintos, respondiendo tantas preguntas y dejando otras tantas inquietudes para un después…

Los acordes de “where is my mind” y el sonido estridente del vocalista nos llevo a entender del porqué aquel anciano estaba tras un viejo órgano musical…Un día se había levantado de su sillón – lo había comprendido todo – por lo que le dijo: “ya nada más, le había otorgado los mejores años de su vida y ella jamás se había atrevido a tirarse sin paracaídas…la rutina, el tedio, la falta de pasión y por sobre todo su incapacidad de locura, se había traducido en años de mal sexo… para ella todo se desvanecía, se fracturaba… siempre había sido en una indolente para con la vida y él ya no estaba dispuesto a tal situación!!!!”

Jamás verbalizo el dolor de su partida, fue un episodio borrado automáticamente, como un arma de defensa ante el sufrimiento. Fue así que busco nacer desde el fondo de las cosas y un día… sin más, se encontró frente aquel viejo órgano guardado en los anales del subterráneo. Desde entonces, todas las mañanas, como todos los sábados, se levanta y prepara unas tostadas, coloca la pava casi llena y se siente en aquel sillón a desayunar con su mate…. Para luego dirigirse al Café, de cuyo nombre ya no recuerdo…
Esos dos seres que se conocieron en una librería y que compartieron una noche, quedaron perdidos en un Bar, suspendidos en un país X , la inabarcable distancia se empodero de ellos, dejándoles…Un recuerdo en un tren…Las huellas de sus pies…Unas frases perdidas…El olor a sus sabanas…Un beso a fernet…Y un tal vez.


a Manuel García…

1 comentario:

Che Pereyra dijo...

Me encanta este relato, valga la redundancia, claro.
Una vez una amiga mía escribió "Alguna vez es siempre nunca" en un cuadernito suyo. Yo tomé esa frase y me la quedé, porque la sentí mía: Alguna vez es siempre nunca...

Hoy, mi dulzura, me quedo con esta "Y un tal vez...". Me la agencio para mí y para vos: Para nosotros dos, vida. Porque ella abre el camino... ¿Estarás allí? ¿Estaré yo? Yo siento que sí.

Tuyo, por siempre, hasta la eternidad. M.G.